La avalancha que colapsa tus hábitos

Una tarde de diciembre de 2019 me tomé una tarde libre para pensar en el año que estaba por terminar. Con un gran sentido de orgullo, noté que había cumplido tres ambiciosos propósitos que me había fijado doce meses antes:

  1. Escribí y publiqué 50 mil palabras en este blog
  2. Perdí 8 kg, reduciendo mi grasa corporal del 27% al 19%, y
  3. Medité todos los días del año.

Un año exacto después me encuentro en el mismo lugar, un café Juan Valdez, cerca de la casa de mi familia, haciendo el mismo ejercicio de introspección. Sin embargo, esta vez estoy decepcionado porque sé muy bien que hay un abismo entre mis propósitos de Año Nuevo y lo que logré conseguir.

¿Que pasó?

Para empezar, 2020 podría no haber sido el mejor año para comprometerse con metas muy ambiciosas. Probablemente deberíamos tratar este año como uno de esos torneos de fútbol en la liga de niños, donde obtienes una medalla solo por presentarte. Llegar al 31 de diciembre seguramente tiene su propio mérito, y no hay razón para estropearlo con recriminaciones de lo que no hiciste.

Aún así, se sentiría bastante mediocre ni siquiera detenerse un momento para analizar por qué el progreso de un año se detuvo, o incluso se revirtió en el siguiente. La respuesta seguramente está en las páginas de los miles de libros que se deben haber escrito sobre el tema de la consecución de metas, el tratamiento de la procrastinación y la creación de hábitos. En particular, puedo imaginar dos diagnósticos opuestos que podrían hacerme dos de las figuras más queridas de la comunidad de autoayuda:

Tim Ferris:Tu problema fue que no atacaste tus objetivos de manera inteligente. No dividiste tus metas en partes pequeñas y manejables que podrían conseguirse más fácilmente por sí mismas. Hay un camino de resistencia mínima que puedes iluminar si adoptas un enfoque científico al reto, pero tu no lo seguiste. Algunos gadgets también podrían haber sido útiles”.

David Goggins:Tu problema es que no te esforzaste lo suficiente y recaíste constantemente en excusas para disfrutar de la comodidad o evitar el dolor. No puedes tomar atajos cuando estás trabajando en tu crecimiento personal, al fin y al cabo, todo en la vida es simplemente un juego para poner a prueba la fortaleza de tu mente. Mirarte en el espejo, mientras gritas lo gordo, estúpido y holgazán que eres, también podría haber sido de gran beneficio”.

Ferris y Goggins tienen buenas ideas y han demostrado que son efectivas en sus propias vidas, por lo que el enfoque correcto para mejorar las cosas probablemente se encuentre en algún lugar entre estos dos opuestos. Sin embargo, hay una observación que hice sobre mi progreso descarrilado que encuentro intrigante, pero que no parece ser tratada a fondo por estos autores. Mi experiencia con la meditación, una práctica que desde hace tiempo intento incorporar en mi vida, ofrece un excelente ejemplo para ilustrar este punto.

Los beneficios de la meditación están bien documentados (por ejemplo en el libro Rasgos Alteradosde Daniel Goleman y Richard Davidson). Aún así, sus beneficios transformadores dependen de tu capacidad para practicarlo durante períodos prolongados y sostenidos. Por lo tanto, me gustaría llegar al punto en mi vida donde todos los días medito durante al menos una hora continua completa, además de tener algunas otras sesiones más cortas de "conciencia mejorada", el mínimo que probablemente necesitaría para ver cambios notables en mi cuerpo y mente.

Durante los cinco años en los que he practicado alguna forma de meditación, los ciclos de éxito y fracaso parecen seguir el mismo patrón. Primero, me pica el bicho de la meditación, y después de probar viejas y nuevas rutinas, logro mantener el hábito durante algún tiempo. A medida que pasan las semanas, adapto mi meditación diaria a las circunstancias cambiantes de mi vida. Luego paso al piloto automático y, durante unos meses, la meditación parece ser tan natural como cepillarme los dientes.

Pero luego, un día cualquiera, no lo hago. Puede ser que me olvide de hacerlo, o que esté abrumado por el trabajo y no pueda encontrar el tiempo; la razón exacta realmente no importa.

Cuando esto pasa me siento un poco tonto por haber dejado caer el balón, pero me reconforto creyendo que saltar un día de práctica debe tener cero repercusiones después de haberlo hecho durante meses sin un solo contratiempo. Después de todo, no lo hago para imponer un récord de días consecutivos de meditación, sino para crecer y mejorar, así que vuelvo a la rutina al día siguiente, con el mismo optimismo y entusiasmo.

Pero aquí está la parte crucial: después de esa minúscula interrupción, algo ha cambiado en mí. Cuando reanudo mi práctica, puedo mantenerla solo por unos días hasta que me doy cuenta de que me he saltado otra sesión. Lo que sigue durante las siguientes semanas es una rápida desintegración de mi rutina, en la que el intervalo entre los días sin meditar se acorta y el número de días consecutivos en los que no medito aumenta. Al final, la rutina de meditar se ha ido de mi vida y tengo que esperar muchos meses hasta que encuentro la chispa que me da ganas de empezar de nuevo.

La imagen que tengo en mi cabeza de cuando esto sucede es de una avalancha, que comienza con unos pocos guijarros rodando colina abajo desde la cima de una montaña, pero cuyo desprendimiento crea una reacción en cadena que hace que caigan rocas cada vez más grandes, seguidas de secciones masivas colapsando en medio de columnas de polvo que se elevan hacia el cielo. Cuando el aire se aclara, lo único que queda en la imagen es un paisaje con un gran agujero donde solía estar mi hábito.

Otros intereses que me han dado problema cuando busco internalizarlos en mi vida siguen un patrón notablemente similar. Mantener una dieta saludable, hacer ejercicio con regularidad, escribir mil palabras cada semana o tallar objetos de madera de manera constante durante todo el año podrían ser los ejemplos más destacados en esa lista desafortunada. Estoy lejos de ser un experto, pero después de haber dedicado algo de tiempo y energía en ellos, no soy exactamente un ingenuo principiante (más bien soy algo así como un principiante avanzado). Lo que hace que el tema de la avalancha y eventual desaparición de la práctica regular sea más grave, ya que es evidente que una férrea consistencia es la única forma de llevar las cosas al siguiente nivel.

La fuerza externa que crea la pequeña interrupción en la rutina y desencadena su colapso es específica en cada caso. Por ejemplo, un caso leve de “bloqueo de escritor” hace algunos meses resultó en que una publicación en particular de este blog demorara más en completarse. Y en el caso de hacer ejercicio, un músculo adolorido me impidió seguir mi rutina durante un par de días. Sin embargo, en ambos casos, tal como ha sucedido con mi práctica de meditación, lo que sigue es el mismo patrón: una corriente intermitente de intentos fallidos por mantener el curso, pero que finalmente sucumben al vacío.

Creo que la metáfora de la avalancha es útil para describir la peculiar aceleración que experimenta un hábito en su camino a la desaparición. No es un proceso gradual, en el que cada semana resto unas horas más de práctica, ni tampoco uno binario, como si apagara un interruptor. El papel de esa perturbación inicial es también bastante inquietante, ya que se puede ignorar fácilmente, como aquellos guijarros que ruedan colina abajo, pero cuyo efecto se ve magnificado por alguna fragilidad inherente del sistema.

A riesgo de estirar demasiado esta metáfora, me pregunto si la existencia de ese punto crítico que desencadena el efecto en cascada insinúa la naturaleza en desequilibrio de algunos de mis comportamientos.

En su libro “Principios elementales en mecánica estadística” de 1902, Josiah Willard Gibbs afirmó que para que un sistema esté en equilibrio“es necesario y suficiente que en todas las variaciones posibles del estado del sistema que no alteran su energía, la variación de su entropía o bien desaparezca o bien sea negativa". Esto es tan solo una forma elegante de decir que cuando un sistema está en equilibrio, puedes aplastarlo, patearlo o hacer lo que quieras con él: al final volverá a su estado inicial. La termodinámica clásica se erigió con la idea de que los sistemas que importan en la naturaleza están en equilibrio, y como cualquier ingeniero o físico puede confirmar, esa forma de modelar la realidad no fue una mala elección.

Pero como sabemos al menos desde 1917, con el libro de D'Arcy Wentworth Thompson “Sobre el crecimiento y la forma”, y más tarde a través del trabajo en la década de 1930 de Lars Onsager, la naturaleza encierra principalmente procesos en desequilibrio, que pueden alcanzar estados estables sin estar necesariamente en equilibrio (usando la definición anterior). El mundo de los fenómenos en desequilibrio es el mundo de las transiciones de fase abruptas que llevan el agua de forma líquida a sólida mediante la congelación; una carretera con tráfico fluido hacia un embotellamiento infernal; y una montaña pacífica en una avalancha imparable.

Con todas sus complejidades, perturbaciones y fracasos, la vida parece ser como esos sistemas en desequilibrio, que no vuelven naturalmente a su estado inicial. Quizás deberíamos tener eso en cuenta cuando seguimos el buen consejo de los Ferris y los Goggins del mundo, que parecen asumir alguna forma de equilibrio en nuestras vidas, tal como lo hicieron los padres de la termodinámica. Una suposición que no es que sea necesariamente mala, pero quizás una que no sea válida para aquellos comportamientos en desequilibrio, es decir, todos excepto aquellos que están profundamente arraigados en nuestras existencias.

Una guía sobre cómo lidiar con las constantes perturbaciones en tu vida, que empujan tus comportamientos y hábitos de una fase a otra: Ese sería un libro de autoayuda que me encantaría leer.

8 Comments

  • Posted diciembre 28, 2020
    by Wolf

    Me identifico plenamente con mucho de lo que dices en esta entrada. He visto el efecto avalancha en mi propio blog y en muchos otros propósitos. Me gusta igualmente la metáfora de la avalancha, y creo que es muy apropiada. Quizás valdría la pena lo que propones, pensar cómo aplicar las lecciones de la física al campo de la autoayuda.

    • Posted diciembre 29, 2020
      by Ricardo Pachon

      Muchas gracias amigo!Y eso que tu producción de contenido en el blog ha sido muy consistente! De lo otro, tal vez. Me gusta usar eso fenómenos de la física para hacer metáforas (opuesto a la gente que hace divulgación de ciencia usando metáforas provenientes de la vida normal). Un saludo grande!

  • Posted diciembre 29, 2020
    by Allan

    Excelente análisis en el que uno lo logra reflejar en aquellos hábitos que logran despegar, pero que se dificultan mantener. El libro que compartimos “atomic habits” abarca muy bien esté concepto en el que crear un sistema al rededor de estos hábitos es altamente crucial para que “no cumplir” sea más difícil que simplemente seguir la rutina.

    Felicitaciones por cerrar el año con un excelente artículo y que sea el comienzo de muchos en el 2021!

    • Posted diciembre 29, 2020
      by Ricardo Pachon

      Me han escrito tres personas recomendándome Tiny Habits. Va a ser el primer libro por leer en 2021. Un abrazo grande!

  • Posted diciembre 31, 2020
    by Marcelo B

    Interesante la idea de entender cómo crear nuevos hábitos que estén en equilibrio para que nunca llegué la avalancha que los destruya. En mi caso lo he visto con el ayuno intermitente. Ese nuevo hábito quizás tiene tres fundamentos que son cruciales para el equilibrio: (1) Es una necesidad tan relevante que vuelve el objetivo primordial para cualquier momento de mi vida, (2) Es una implementación que es natural para mi estilo de vida en la mayoría de las situaciones por lo que no es extremadamente difícil continuar con el hábito, (3) Las alternativas no son tan atractivas porque mi vida se ha acostumbrado al nuevo hábito. En este caso, no hacer ayuno intermitente y comer 3 veces (o más al día) no es apetecible porque mi estomago ya no está acostumbrado a esa rutina día tras día. Hoy el mismo cuerpo me pide tregua si me salto varios días de ayuno intermitente.

    • Posted enero 4, 2021
      by Ricardo Pachon

      Me gusta mucho esa caracterización que haces de un “sistema en equilibrio”. En particular la tercera es una manera de describir como el “estado de energia” en el que estas es el optimo, y por lo tanto resulta mas difícil llegar a otros estados. Se podrá uno ingeniar como volver el estado actual en un estado optimo?

  • Posted enero 8, 2021
    by Rubén

    Me encantó el artículo. Me trae a la mente lo que (a mi bastante básico entender) constituye el devenir Hegeliano. Para Hegel el ser y la nada son lo mismo, dos estados tan opuestos como estables.

    Lo verdadero se encuentra en el nebuloso espacio intermedio del DEVENIR (el cambio). En el movimiento de desaparición de uno en el otro, ahí se encuentra la realidad. Por lo tanto cualquier estado estable (sea ser o nada) es un espejismo que se caerá por el peso de sus contradicciones, sólo para volver a nacer de la nada, transformado en otro proceso.

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