Ocho lecciones de las maravillosas cenas de Jim Haynes

Jim Haynes es un académico estadounidense que reside en París y que durante los últimos 40 años ha organizado con regularidad unas inusuales cenas en su casa. Lo particular de estas que están abiertas a cualquiera que le envíe un correo electrónico, preguntándole si sería posible acompañarle, lo que significa que lo que encuentras en una reunión cualquiera de estas es un grupo de algunas docenas de extraños, quienes socializan en un ambiente relajado y hogareño. Las cenas abiertas de Jim son tan populares que se han convertido en una de esas pequeñas joyas en las guías de “Cosas que hacer en París”, sin duda un logro en una ciudad que está repleta de sitios turísticos de clase mundial.

Lee mi publicación anterior, Comiendo con extraños, sobre la vez que asistí a una de las cenas de Jim.

La mentalidad consumista puede hacernos cínicos de pasar una noche en casa de Jim. Después de todo, podríamos pensar que sus cenas son simplemente otro ejemplo de uno de esos clubes de cena("supper clubs" en inglés), esos híbridos alternativos entre cenas privadas y restaurantes públicos que han aparecido por todo el mundo durante los últimos diez años. O por lo menos esta es la actitud que delatan algunas de las reseñas en el foro de discusión de Trip Advisor bajo el título"Cena con Jim Haynes - ¿Debería ir?"para quienes el verdadero éxito de la experiencia pareciera reducirse a algunas simples preguntas: "¿Fui realmente entretenido en la cena?" "¿Me proporcionaron una comida exquisita?" "¿Me mostraron un lugar excepcional?" Con esos criterios, una velada en un club de cenas bien establecido puede parecer una opción mucho más atractiva que la más modesta ofrecida en la casa de Jim.

Y, por supuesto, no hay nada de malo en esa forma de pensar, especialmente cuando estás de vacaciones y estas manejando con cautela tu presupuesto de riesgo. Pero observa la voz predominantemente pasiva que asumes cuando te transformas de un Homo sapiens en un Homo consumens. Quedas ciego al hecho obvio de que en lugar de simplemente comprar un boleto y marcar una casilla en una lista de cosas por hacer, podrías cambiar los roles y convertirte en el anfitrión tú mismo. Entre las cientos de reseñas sobre las cenas de Jim Haynes en los foros de viajes, todavía tengo que encontrar el primero que reflexione sobre cómo emular de alguna forma la experiencia que él logra aparentemente sin esfuerzo. En esta entrada, pretendo llenar ese vacío.

¿Por qué traer extraños?

Hay muchas formas en las que puedes hacer que tu vida sea más emocionante. Puedes planear un viaje o aprender una nueva habilidad, por ejemplo. En mi caso, he observado que conocer gente nueva es una forma segura de sacudir la rutina e infundir en mi vida una dosis de emoción, un sentimiento que seguro comparto con muchos. De nuevo, hay muchas formas en las que puede hacer esto, pero encuentro algo particularmente intrigante en la propuesta de Jim de crear un espacio en tu propia casa donde puedas recibir a personas que no has conocido antes.

Obviamente, todo esto puede sonar como un infierno para muchos, quienes podrían sentirse identificados con el personaje de Jay Pritchett en Modern Family, cuando este se lanza a darle una perorata a Gloria sobre esto: “Ya hemos hablado de esto antes… No quiero nuevos amigos. ¡Tengo el número exacto de amigos!" Aun así, creo que para muchos otros las cenas de Jim pueden ser una inspiración para hacer algo similar.

En mi caso, justo después de asistir a una de las cenas de Jim a fines del año pasado, comencé a hacer planes con una amiga para organizar algo similar, a una escala mucho menor que la de Jim, claro está, pero aún con la intención de reunir a personas que no se conocían entre ellos o que no conocíamos nosotros directamente. Desafortunadamente, al poco tiempo y antes de poder hacer la primera, mi amiga se fue de Inglaterra, y en seguida después comenzó la pesadilla del coronavirus, por lo que hasta ahora no he encontrado el momento adecuado para pensar en este tipo de cosas.

Aún así, quería dejar registrado las lecciones que aprendí de la cena de Jim y ponerlas desde la perspectiva de mis propias experiencias. Una a una, son bastante obvias, pero quizás su valor provenga de ponerlas todas juntas, en una lista como la siguiente:

  1. No todos deben ser extraños
  2. Mantenlo simple
  3. Pero no demasiado simple
  4. Hazlo un evento regular
  5. Ajústalo a tu ciudad
  6. No esperes nada a cambio
  7. Hazlo personal
  8. Di adiós

A continuación, una breve explicación de cada lección.

1. No todos deben ser extraños

Jim no abrió sus puertas a todo el planeta desde el primer día. Fue un proceso gradual que comenzó con amigos cercanos, quienes eventualmente comenzaron a traer a sus propios conocidos. Incluso hoy en día, muchas de las personas que se encuentran en las cenas de Jim son viejos amigos suyos, que han estado asistiendo a estos eventos durante años. Como ellos conocen la logística de la velada, son facilitadores para los recién llegados, haciendo que la dinámica social sea más fluida y natural. Ellos ayudan a crear una atmósfera relajada y de alguna manera ayudan a crear la impresión de que alguien ahí sabe qué es lo que está haciendo. Compara eso con un evento de networking regular, donde nadie conoce a nadie, y necesitas hacer un esfuerzo adicional para superar la inevitable incomodidad de estar en un lugar donde todos son extraños.

No sé cuál debería ser la proporción correcta de viejos amigos frente a caras nuevas, pero supongo que, a menos que tengas realmente experiencia en estos asuntos, los primeros deberían superar en número a los segundos. Una posibilidad sería emparejarse con un amigo para organizar tal evento, cada uno invitando a un puñado de amigos que la otra persona no conoce. De esta manera, cada invitado es un extraño para un grupo de personas, pero familiar para el otro.

2. Mantenlo simple

Lo que más me sorprendió de la cena de Jim fue su sencillez. Su casa no es demasiado lujosa, la comida no era deslumbrante y los vinos ciertamente no eran los mejores que Francia tiene para ofrecer. Sin embargo, me cuesta pensar en cómo cambiar cualquiera de esas cosas habría mejorado mi experiencia significativamente.

Mientras estuve allí, no pude evitar pensar que su sala de estar es probablemente tan pequeña como la mía, pero eso no le impidió ni un segundo dar la bienvenida a docenas de invitados esa noche, y a otros miles a lo largo de décadas. Por supuesto, como invitado, estar de pie con un plato en la mano siempre resulta ser un acto de equilibrio, pero eso es algo de lo que uno que deja de preocuparse tras solo algunos minutos de estar en una conversación cautivadora. Preparar cualquier comida para tanta gente debe ser todo un desafío, pero por mi propia experiencia sé que para unos pocos amigos, solo un par de horas son suficientes para hacer algunas ensaladas, unas salsas y poner algo en el horno para cuando todo el mundo llega.

Si deseas encontrar buenas excusas para no organizar una reunión en tu casa, simplemente intenta complicar todo un poco. Como pasa usualmente, el enemigo real no es la vergüenza que puedas pasar frente a muchas personas, sino más bien la pereza y la postergación. La curiosa lección de las cenas de Jim es que puedes encontrar un escenario bastante sencillo que la mayoría de tu invitados agradecerán, y que te permitirá repetirlo durante décadas.

3. Pero no demasiado simple

Jim quiere que te sientas bienvenido y cómodo cuando asistes a una de sus cenas. Tal vez su objetivo es crear una experiencia alejada de la vida cotidiana, en la que puedas sentir que estás participando de algo especial. Aunque gran parte de la magia ocurre simplemente porque la cena se lleva a cabo en un pequeño y placentero apartamento parisino, rodeado de gente de todo el mundo, se nota que hay un esfuerzo real para que todo fluya bien.

Crear un entorno así requiere un nivel de preparación más allá del esfuerzo que pones cuando invitas a tus amigos a una pizza y un juego de cartas. Probablemente no se trate tanto del dinero que gastes en esa noche, sino de la cantidad de atención que puedas brindar a tus invitados dentro de tus propios límites y presupuestos.

4. Hazlo un evento regular

Hay algo sorprendentemente notable en un evento que se repite una y otra vez a lo largo de los años. Este es el caso de las cenas de Jim, cuya persistencia y confiabilidad durante cuatro décadas son las cualidades inmateriales que lo separan de los modernos clubes de cena.

Al reunir regularmente a un grupo de amigos y extraños en su casa, Jim ha instituido una tradición, con un ciclo de retroalimentación positiva. Cuanto más organiza estas cenas, mejor las hace. Al fijarlas en el calendario, elimina la incertidumbre de cuándo hacer la siguiente. Y al tener siempre extraños en la mezcla, garantiza un elemento novedoso en sus cenas que no tendría si solo invitara a sus amigos.

5. Ajústalo a tu ciudad

Trasplantar las cenas abiertas de Jim a otras ciudades podría requerir abordar consideraciones particulares. En las grandes ciudades internacionales, como París, Londres o Nueva York, uno está acostumbrado a interactuar con gente nueva todo el tiempo, por lo que la perspectiva de pasar una noche con un grupo de extraños puede que no suene tan rara. Pero en el resto del mundo, tengo la impresión, quizás incorrectamente, de que la gente tiende a formar pequeños grupos de amigos, fuera de los cuales rara vez sucede algo.

Puedo imaginarme a algunos de mis amigos en Bogotá menos que entusiasmados con la perspectiva de abrir sus casas a personas que no conocen directamente. No solo por los comprensibles problemas de seguridad, sino también por la forma en que funciona la dinámica social en esta parte del mundo. No es que esté diciendo que eso no sea posible, solo que requiere ser consciente de las sensibilidades idiosincrásicas en diferentes ciudades.

6. No esperes nada a cambio

Se podría esperar que después de todo el esfuerzo en organizar una cena de estas, se active una reacción en cadena entre los asistentes. Para la próxima vez, tal vez uno de tus invitados se ofrezca a organizar una reunión, o proponga otro plan divertido para al cual asistir. Sin embargo, lo más probable que nadie tome la iniciativa y nada ocurra a menos que te ofrezcas nuevamente como voluntario para organizar otra cena. Deja que esto pase unas cuantas veces seguidas, y seguro que te sentirás enojado y frustrado por la pasividad de los demás.

Sin embargo, uno debe abstenerse de juzgar a los demás con demasiada severidad. La verdad es que a la mayoría de la gente realmente no le gusta organizar este tipo de cosas. Estarán realmente emocionados de asistir a tu evento y estarán ansiosos por ser invitados al próximo. Pero traer gente a sus vidas no es una prioridad, y son perfectamente felices sin hacer grandes esfuerzos para conectar con amigos o, mucho menos, extraños.

La falta de pro-actividad en los demás definitivamente no debe interpretarse como algo malo en ellos, sino más bien como un rasgo raro y positivo que hay en ti. Tu te esfuerzas en organizarlo todo porque así te diviertes. Conectarte con los demás es una necesidad que tu tienes, y lograrlo es tu recompensa.

7. Hazlo personal

Una alternativa a organizar una cena en tu casa es hacerla en un pub o restaurante. No solo te evitas todas las molestias, sino que también reduces las posibilidades de arruinar la comida si, como yo, eres un cocinero principiante. Sin embargo, independientemente de cuán pequeño sea tu lugar, o cuán simple sea la comida que prepares, ningún local comercial igualará el nivel de intimidad y calidez que lograrás en tu propia casa

Aunque solo hablé brevemente con Jim aquella noche, siento que lo conocí bien solo por haber visitado su casa algunas horas. Esto no es de extrañar. El lugar donde vives proyecta de una manera bastante única el tipo de persona que eres, y al permitir que otros entren, les estás dando la posibilidad de conocerte mejor. En un mundo que alienta a las personas a distanciarse de los demás, abrirse de esta manera puede resultar un poco incómodo o incluso intimidante. Pero para tus invitados, como los miles que han estado en la casa de Jim, esta será una experiencia renovadora y estarán agradecidos por tu generosidad.

8. Di adiós

La mayoría de las docenas, cientos, o miles de personas nuevas que conoces cada año desaparecerán para siempre de tu vida después de un encuentro fugaz. Lo que nos enseña Jim es que este es el destino compartido por la mayoría de los extraños que asisten a cenas como la suya, pero que esto no debe impedirte invitar cada cierto tiempo a un nuevo lote de ellos. Esto puede parecer inútil, pero de hecho, resume el valor de hacerlo en primer lugar.

Cualquiera que haya viajado como mochilero conoce muy bien el carácter efímero de la relación que estableces con los viajeros que conoces en los albergues. Te despiertas una mañana y en las camas de al lado duermen dos personas a las que nunca antes habías visto. Te presentas, aprendes sus nombres y de dónde vienen. Compartes una comida con ellos; quizás vayan juntos a dar una caminata o visitar un templo local. Intercambias historias y aprendes de ellas, y tu visión del mundo cambia, no mucho, tal vez solo una fracción. Luego, en la mañana durante el desayuno, comparas notas y te das cuenta de que van en trayectorias diferentes; te das la mano mientras te despides, y parten en direcciones opuestas. Nunca más los volverás a ver.

Por supuesto, podrías haberte evitado todo eso y haber marcado tu propio ritmo sin la interferencia de nadie. Pero, ¿no sería eso un poco aburrido?

La vida se trata tanto de conocer y conectar con extraños como de dejarlos ir.

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