Millones de humanos necesitan billones de árboles

Este año me he puesto a la tarea de leer varios libros sobre el cambio climático. No es de extrañar que disfrute de los más técnicos, particularmente los que fueron escritos hace un par de décadas, en vez de esos nuevos y melifluos que abundan hoy en día en las librerías. El conocimiento mínimo que se necesita para entender el cambio climático, aunque sea superficialmente, es bastante extenso, y sé que necesito todos esos números, figuras y tablas para comprender el problema.

Sin embargo, algo que he notado es que ninguno de estos libros comienza con una discusión del gráfico que creo que resume más información relevante para la crisis actual. La figura es la siguiente:

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Población mundial a través de la historia. La línea roja punteada corresponde a la proyección de variación media de las Naciones Unidas (revisión de 2019). Fuente: Our World in Data.

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No estoy orgulloso de volar (pero tampoco me da vergüenza) – Parte 2

Me despierto.

Tengo un ligero dolor de cabeza, probablemente causado por la deshidratación y los cambios en la presión de la cabina. Reviso mi reloj. 3:16 am. Debo haber dormido durante tres horas, y ahora sé que no volveré a dormir. Dentro del avión todo está oscuro, y solo se puede ver el brillo de unas pocas pantallas dispersas, y las sombras de mis compañeros de vuelo, escondidos detrás de montones de mantas, almohadas, máscaras para los ojos y tapones para los oídos. Todo está en silencio, excepto por el rugido entumecedor de los motores gigantes en el exterior, en su proceso de devorar docenas de toneladas de combustible. Miro a mi lado y veo que los dos venezolanos duermen como troncos. ¡Como envidio a las personas que tienen el poder de dormir en un avión! Enciendo mi laptop y sigo escribiendo.

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No estoy orgulloso de volar (pero tampoco me da vergüenza)

Es una noche lluviosa en Londres, y bebo un vaso de whisky en un bar de la Terminal 2 del aeropuerto de Heathrow. Quería evitar la hora pico, así que salí de mi departamento antes de lo necesario, pero como llegué tan temprano, ahora debo inventarme qué hacer por un par de horas en este lugar. Traje el excelente libro de David MacKay “Sustainable Energy Without the Hot Air”, y estoy enganchado en el capítulo técnico III.C (Aviones II). Este es uno de esos libros que más disfrutas con lápiz y papel. En los 45 minutos que llevo aquí, ya he llenado cuatro páginas con garabatos de ecuaciones y diagramas, siguiendo paso a paso su derivación de la potencia total requerida para mantener un avión en el aire y su fórmula de eficiencia de transporte.

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El Origen de la Violencia: ¿Pobreza, Desigualdad, o Debilidad de la Justicia?

Recorriendo la bibliografía sobre la violencia en Colombia fue que encontré el reporte de la Comisión de Estudios sobre la Violencia (CEV) de 1987, del cual escribí hace un par de días. El planteamiento de la CEV es general y vago, favoreciendo un marco de múltiples intepretaciones en el que, básicamente, cualquier cosa que uno diga sobre el fenómeno termina siendo cierta.

Si un par de académicos no buscan respaldo empírico a sus tesis, y uno afirma que la causa de la violencia es la corrupción y el otro asegura que es un asunto de educación, ambos tendrán de alguna manera razón bajo la óptica de la CEV, porque siempre será posible conectar con una serie de pasos argumentativos la corrupción y la educación con fenómenos que sean interpretados como violentos. Esto, de cierta manera, es poco útil y algo trivial. Lo que resulta fundamental es establecer entre esas dos variables cuál de ellas tiene más poder para explicar, por ejemplo, el número de homicidios. Solo cuando se logra desempatar el orden de importancia entre la una y la otra es que tiene sentido estructurar una narrativa con la que se interpreten los resultados.

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La Comisión de Estudios Sobre la Violencia – Una Teoría Popular (Pero Equivocada)

En la campaña para la elecciones presidenciales de 2018, Gustavo Petro fue puntual en su diagnóstico sobre la violencia en Colombia. Decía por ejemplo: “Pienso que la violencia es el producto de la desigualdad social y que por tanto la equidad social es la base de la paz”. También afirmaba: “La violencia ha sido generada desde el Poder y con un objetivo: concentrar las riquezas en unas pocas familias herederas del feudalismo y la esclavitud”.

Ya montado sobre la tarima, echando el discurso a sus seguidores, podía redondear un poco más su pensamiento: “Nos han querido convencer que eso que llamamos la violencia y que llaman inseguridad, es el producto de la gente mala… Entonces sus propuestas consisten en quitar eso malo… La seguridad la garantizan llevando presos a los jóvenes…[pero] los enemigos de la sociedad no son los jóvenes, sino los corruptos que generan desigualdad social y por tanto múltiples formas de violencia”.

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Compadre mata al Compadre

Corre la tesis de que la pila de asesinados que se alza en Colombia cada año se debe a nuestro carácter violento, a nuestro espíritu inflamable que hacemos estallar tal vez demasiadas veces a punta de aguardiente, chicha y guarapo. Aquel, encontró a su mujer siéndole infiel, y la mató a ella y a su amante. A ese otro lo cerró un taxista, lo que le hizo hervir tanto la sangre que en cuanto pudo alcanzarlo y enfrentarlo, no dudo en aplastar la cabeza del infractor con una cruceta que tenía a la mano. Esos dos eran amigos, pero borrachos se pusieron a pelear por si el América era mejor que el Nacional, y en un momento de locura el uno le asestó una puñalada mortal al corazón del otro.

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Si Colombia Fuera un País Normal

Si Colombia fuera un país normal, tendría 2,500 homicidios al año, no los más de 12,000 que tiene ahora.

Me tomó un par de intentos escribir esa frase, porque me parece terriblemente cruda. Suena a que hay algo natural en matar; a que hay un número de asesinatos que es aceptable; a que deberíamos apuntarle a tener un número razonable de homicidios. Suena parecida a la detestable frase aquella del ex-presidente Julio Cesar Turbay: “Tenemos que reducir la corrupción a sus justas proporciones”.

No. Así cómo no hay justas proporciones de corrupción, no hay ningún número de vidas cercenadas por la violencia con el que podamos sentirnos satisfechos y que sea diferente a cero.

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