La semilla de la duda: El impacto del acuerdo con las FARC en la violencia de Colombia

Aquí va una anécdota personal, de algo que pasó hace tres años, durante los días del referendo por el acuerdo por la paz en Colombia. Era el verano de 2016, y yo era uno de los millones de colombianos que estaba totalmente seguro sobre las bondades del acuerdo que estaba suscribiendo el gobierno con las FARC para su desmovilización. Supongo que escandalizaré a la mitad de mis lectores cuando les confiese que dos años antes ya había votado por la reelección de Juan Manuel Santos, precisamente porque para ese momento me parecía que lo mejor era dejar que el proceso avanzara, se consolidara y se firmara. Convocar al pueblo para refrendar el acuerdo fue una estupidez absoluta, algo sobre lo que ya escribí en este blog antes, pero no habiendo más alternativa, lo más coherente para mi era que a la hora de votar por el referendo lo hiciera en línea con lo que el gobierno había estado trabajando por cuatro año. Se veía la luz al final del túnel.

Una mañana cualquiera de ese verano, leyendo lo que el buen Mark Zuckerberg había decidido que yo leyera esa día, me tope con el corto texto de un amigo quién, exaltado por el inminente fin del conflicto, preguntaba a la gradería:

“¡¿Se imaginan cuantos muertos se van a evitar gracias al acuerdo?!”

La pregunta estaba planteada perfectamente, con la palabra clave “imaginar”, invitándonos a sus amigos a soñar con un país en paz, un ejercicio que para cualquier colombiano solo cabe en el mundo de la mera especulación y la fantasía. Haciéndole barra, le habré respondido con uno de esos comentarios gaseosos y superficiales que decimos cuando no tenemos en realidad nada que decir: “Uff si, que bueno punto, imagínese cuantos! Muchísimos en todo caso! Y cada vida es invaluable. Que viva la paz!”

Con lo que yo no contaba era que en ese preciso momento yo estaba viviendo mi propia experiencia tipo Inception. Así como en la película de Christopher Nolan en la que Leo DiCaprio se le mete en los sueños a sus victimas para implantarles una idea en el subconsciente, la pregunta de cuantas muertes se evitarían con el acuerdo se me quedó metida en la cabeza, y no lograría zafarme fácilmente de ella.  Era una pregunta tan sencilla que seguramente alguien ya la había respondido, pero claro, dentro de la avalancha de información y desinformación que corría por esos días era difícil encontrar la respuesta.

Mi supuesto era que un evento histórico como ese, y que se anunciaba con tanta algarabía, tenía que tener un profundo impacto en la dinámica de la violencia en uno de los países más violentos del mundo. Y aunque claro, no esperaba que de un día otro no hubieran más asesinatos, si tenía la profunda convicción de que el acuerdo tenía la fuerza de dislocar las tendencias de violencia en el país.

Tan solo un par de días después, aparecía en la pantalla de mi computador el siguiente titular de Bloomberg: “Colombia y Rebeldes de las FARC Alcanzan Acuerdo Final para Terminar Guerra de 52 Años”. La noticia repetía lo que ya había sido publicado en casi todos los periódicos del mundo, sin embargo en la mitad de la nota había una gráfica que no había visto hasta el momento.

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Me quede mirándola atentamente durante un instante.  Leí la nota al pie de esas barras azules. Volví rápidamente al texto de la noticia, y luego volví a la grafica. Me eché para atrás en el asiento, puse las manos detrás de mi cabeza para apoyarla, y clavé la mirada en la figura.

Había algo profundamente preocupante en esa gráfica.

Tenemos que hablar de esta gráfica

Amo las gráficas. Son herramientas de comunicación increíblemente poderosas, capaces de contar una historia mucho mejor que varios párrafos de texto, sin tener que sacrificar la cuantificación que puede tener una árida tabla de números. Sin embargo, por una ligereza a la hora de prepararlas, o por un intento deliberado de ofuscar a quien las lee, las gráficas muchas veces logran confundir más de lo que logran iluminar. Tal vez es el escepticismo que he generado al llevar una vida sumergido en líneas de tendencias, histogramas y pie charts, pero usualmente lo primero que pienso cuando veo una gráfica nueva es ¿qué es lo que no me están mostrando?

Volvamos entonces a la gráfica de la nota en Bloomberg. Las barras azules, dicen el título y leyenda, corresponden al número total de muertes de civiles y combatientes debido al conflicto con las FARC. De un año para otro las muertes caen a la tercera parte, y para el año siguiente el número de muertes desaparece casi por completo. ¿Cómo puede interpretar cualquier persona esta gráfica? Pues naturalmente que gracias a los diálogos de paz las muertes violentas habían desaparecido, muy seguramente desde el cese al fuego que comenzó en 2015. Y más aún, la gráfica sugiere lo que ocurriría si se llegara a revertir el proceso y volvieran las acciones militares: las barras azules volverían a crecer terriblemente, hasta los niveles anteriores. Todo esto que describo con palabras lo extrae cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad a los números, simplemente viendo por un par de segundos esta gráfica.

Pero lo que a mi me llamaba la atención de esta gráfica no eran las barras azules, sino los números en el eje vertical, que iban de 0 a 450. En ese momento no manejaba las cifras en la cabeza, pero estaba seguro que las muertes violentas en Colombia deberían estar en los muchos miles. Si durante 52 años hubo 250 mil muertos, ¿no daba eso alrededor de 4,800 muertes al año?¿Cómo era posible que las muertes del conflicto llegaran tan solo a 450, incluso antes de comenzar las negociaciones de paz en el 2012?

Y ahí estaba la precisamente la razón de mi temor al ver la gráfica. Si uno es más o menos relajado con esas cosas de la causalidad, uno diría que en esa gráfica estaba la respuesta a la pregunta que me daba tantas vueltas en la cabeza: el acuerdo lograría salvar algunos cientos de vidas, tal vez, digamos en el orden de 450 al año. Pero eso implicaría que después firmar e implementar el acuerdo que traería la paz a Colombia, ese acuerdo que lograría “cesar la horrible noche” como lo afirmó el Sr Santos, seguirían habiendo miles y miles de muertes al año. La última medición que tenía en ese momento sobre el numero de homicidios en Colombia era la del 2015, cuando hubo 12,625 según Medicina Legal. El acuerdo ¿sólo lograba arañar la superficie de ese número?

¡Imposible!

Un quiz para mis amigos

Mi primera reacción fue la de la negación. El acuerdo de paz iba a cambiar la dinámica de violencia de Colombia, de eso no había duda. Claramente mi interpretación de esa gráfica estaba equivocada; seguramente había algo que no estaba entendiendo, posiblemente habían interacciones de segundo orden que no estaba teniendo en cuenta.

Comencé a buscar entonces con más determinación alguna fuente que no simplemente se limitara a “imaginar” cuántas muertes se salvarían con el acuerdo, sino que hiciera la tarea de seria y juiciosa de estimarlo. Alrededor de todo el mundo deben haber cientos de investigadores especializados exclusivamente en el tema de violencia en Colombia, que han producido abundante información sobre el tema, y que resulta indispensable para entender un problema que es fenomenalmente complejo. Sin embargo, en esa exploración inicial, no logré encontrar a nadie que se aventurará a dar más números y menos adjetivos sobre lo que pasaría con la violencia después del acuerdo.

Mi mayor frustración llegó cuando asistí a una charla en la que se discutía el impacto económico que podría tener el acuerdo con las FARC. Los tecnócratas de Planeación Nacional habían logrado estimar que “la paz podría aportar entre un 1.1% y un 1.9% a la tasa de crecimiento potencial de la economía colombiana.” ¡Maravillosa noticia! Pero, si alguien se había tomado la molestia de hacer un cálculo para entender cuál podría ser el impacto en el PIB, ¿por qué no habían estimados similares sobre cuál podría ser el impacto en la violencia? El mayor beneficio que debería tener el acuerdo era la paz misma; sus réditos a la economía solo deberían ser una feliz consecuencia colateral.

Llegaba la hora de admitir mi ignorancia y confusión sobre todo esto. Una mañana agarré los datos que conseguí en Medicina Legal con los que armé una gráfica y publiqué lo siguiente en Facebook:


Para todos la gente interesada en los acuerdos Gobierno-Farc, aqui va un quiz:

Firmado el acuerdo Gobierno-Farc, usted esperaría que la tendencia de homicidios cambiara significativamente? Cree que es una pregunta relevante en la actual discusión?

  1. La pregunta es relevante y van a haber muchas más muertes (digamos, para 2020 habrán más de 16 mil homicidios, 40% sobre la tendencia)
  2. La pregunta es relevante pero la tendencia no va a cambiar o cambiará muy poco (para 2020 habrán entre 10-12 mil homicidios)
  3. La pregunta es relevante y van a haber muchas menos muertes (digamos, para 2020 habrán menos de 7 mil homicidios, 40% menos debajo de la tendencia)
  4. La pregunta es irrelevante.

La gráfica presenta el número total de homicidios (*) en Colombia en los últimos 25 años y tres posibles trayectorias de las respuestas A, B y C.

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En algunos días les comparto mi respuesta.

(*) Fuente: Medicina Legal.


Pero, ¿de donde iba yo a sacar “mi respuesta“?

Esta es la primera entrada en mi serie sobre Violencia en Colombia:

  1. La semilla de la duda: El impacto del acuerdo con las FARC en la violencia de Colombia
  2. Predecir la Tragedia: Pronósticos de la Violencia en Colombia
  3. El Acuerdo de “Paz” que no trae la Paz
  4. Dos terroristas hablan en un bar
  5. Si Colombia Fuera un País Normal
  6. Compadre mata al Compadre
  7. La Comision de Estudios Sobre la Violencia – Una Teoria Popular (Pero Equivocada)
  8. El Origen de la Violencia: ¿Pobreza, Desigualdad, o Debilidad de la Justicia?

 

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