¿Por qué las mujeres viajan más que los hombres?

Tourist girl

No tengo cifras concretas para respaldar la siguiente afirmación, pero definitivamente, tengo suficiente evidencia anecdótica para ponerla en este blog: las mujeres viajan más que los hombres. Para mí, esta no fue una realización repentina, sino más bien un proceso de darme cuenta gradualmente a lo largo de los años, después de conocer las historias de muchas mujeres que conozco que han decidido hacer de los viajes un propósito serio en sus vidas. Primero, fue una prima, luego un par de amigas, luego una colega, y luego una novia. Una por una, escuché sobre sus grandes y pequeñas aventuras, ya sea cruzando el canal o cruzando el mundo.

Y luego vinieron más y más de estas historias, por parte de mujeres con las que no he hablado en mucho tiempo, pero con las que sigo conectado a través de Instagram o Facebook. A veces viajaban con sus parejas, pero la mayoría de las veces, quedaba claro por sus fotos, estaban solas en sus viajes. A la fecha en que escribo esto, probablemente podría nombrar a dos docenas de mujeres que conozco que están en una constante búsqueda para satisfacer su interminable pasión por los viajes.

Y luego, pensé en mis amigos hombres. Y claro, conozco a un par de colegas en la oficina que han hecho viajes impresionantes alrededor del mundo y con los que me reuno cada vez que paran por Londres. Pero aparte de ellos, me costó trabajo encontrar a otros que exhibieran un espíritu similar al de mis amigas nómadas. Después de revisar más a fondo mis redes sociales, solo logré obtener el nombre de un puñado de hombres que probablemente tienen la misma pasión por el viaje.

No he encontrado estimaciones rigurosas de distribución por género, sin embargo, los datos recopilados por las agencias de viajes y las aerolíneas en los EE. UU. indican que entre el 60% y el 75% de todos los viajeros en vacaciones son mujeres. A pesar de los sesgos en estos números, están en línea con mi observación y sugieren algo bastante excepcional en la forma en que los hombres y las mujeres conciben y experimentan viajar.

Tampoco he encontrado explicaciones satisfactorias para este fenómeno. Quizás es que las mujeres son más propensas a la auto-reflexión y el crecimiento y, por lo tanto, invierten más en actividades que les brindan bienestar y una mejor oportunidad de auto-actualización. O que hubo un efecto real en la psique colectiva de las mujeres debido a los libros (y más tarde éxitos de taquilla) Eat, Pray, Love, y Wild. O simplemente es que los hombres realmente son terribles preguntando por direcciones. Tal vez. Tal vez no.

Así que volví la atención a mí mismo. Sí, he viajado por ahí, pero no me llamaría un trotamundos. Disfruto explorando un nuevo lugar y aprendiendo las formas de vida de otras personas, pero puedo pasar largas temporadas sin salir de la ciudad y no sufrir un colapso. Puedo compartir algunas aventuras sobre mis viajes con amigos, pero nadie me está preguntando cuál será mi próximo destino, simplemente porque no es una de las características que me definen. No soy muy diferente a la mayoría de mis amigos hombres en mis prácticas de viaje, pero me gustaría viajar más. ¿Podría ser que mi propio comportamiento refleje algo típico en la forma en que los hombres viajan?

Tratar de usar algo de la personalidad de uno para inferir algo exclusivo de los hombres es una tarea imposible, así que me temo, querido lector, que no encontrarás aquí la respuesta definitiva a la pregunta en el título de esta entrada. Sin embargo, identifiqué tres características en mí que normalmente me frenan o incluso me impiden viajar, y me pregunto si podrían generalizar a otras personas e incluso resonar más con los hombres que con las mujeres. Ni mi comportamiento ni el comportamiento de los otros 4 mil millones de hombres en este planeta pueden explicarse satisfactoriamente con una sola variable, pero de las tres razones plausibles que ofrezco, la primera podría ser la que tenga el poder explicativo más significativo.

1. Pensar demasiado, ejecutar muy poco.

Cuando le pregunté a una amiga por qué podría ser que las mujeres viajen más que los hombres, ella no dudó. “¡Las mujeres nos movemos!”, dijo mientras chasqueaba los dedos con energía unas cuantas veces. Y luego, mientras cambiaba la expresión de su rostro por una de frustración, sentenció: “Pero los hombres … pfff, ellos piensan y piensan, pero nunca hacen nada”.

Hay una broma recurrente de que los hombres piensan demasiado y son malos en la ejecución, lo que en el contexto de los viajes podría ser cierto en mí algunas veces. Puede que yo tenga planes ambiciosos para viajar (Myanmar, Etiopía, Corea, Irán, Brasil), pero en el proverbial viaje de mil kilometros, a menudo no logro dar ese primer paso, atrapado en un estado de “parálisis por análisis”.

El problema con el diagnóstico de que los hombres piensan demasiado es que es solo una descripción externa de un fenómeno que ocurre internamente en nuestro cerebro, y no ofrece un remedio útil que no sea “¡deja de pensar demasiado!”. Pero observando los patrones en mí mismo, vi que pensar demasiado es, de hecho, una manifestación de un enfoque inadecuado para planificar un viaje, uno en el que yo prefiero un proceso secuencial en lugar de uno paralelo. Permíteme lo explico.

Cualquier viaje más o menos largo requiere tomar muchas decisiones, a menudo con información incompleta y sujeto a varias limitaciones de tiempo y dinero. No es un problema particularmente difícil de resolver, y si eres como yo, puedes pensar que el primer paso correcto es escribir una lista de cosas por hacer. Lo cual es ciertoEscondidos entre las tareas obvias (solicitar los días de descanso, comprar los billetes de avión, encontrar el alojamiento), siempre hay otros más sutiles (vacunas, seguros, visas), que inevitablemente me olvidaré de hacer si no están en mi lista .

Pero si eres como yo, caerás en una trampa cuando comiences a concebir esta lista como una secuencia de pasos ordenados que debes ejecutar, uno tras otro, para minimizar el riesgo. Solo reservaré y pagaré el alojamiento cuando haya comprado los boletos. Y compraré los boletos solo después de obtener los visados necesarios, los cuales solicito justo después de obtener la aprobación en el trabajo para tomarme esos días libres. Cuando haces una cadena como esta, con una docena de cosas por hacer, cada una dependiendo de la anterior, te quedarás atascado cuando cualquiera de ellas se detenga (y siempre habrá una de ellas que se detenga). Para mí, eso de “pensar demasiado” es realmente estar en un estado de espera, incapaz de pasar de un punto en mi lista al siguiente.

Tal vez las mujeres viajan más que los hombres porque hacen un mejor trabajo organizando los viajes de manera eficiente. Tal vez reconocen que la clave para planear con éxito un viaje es reconocer que no solo es necesario optimizar los diversos elementos desconectados en la lista de cosas por hacer, sino que el tiempo empleado en la fase de planificación es en sí mismo una variable que debe minimizarse.

Este año he cambiado la manera en que organizo mis viajes, reemplazando la lista rígida y secuencial de pasos por un enfoque más fluido y paralelo. Cuando choco con una tarea que no puedo resolver en este momento, paso a la siguiente, que a su vez utilizo luego como referencia para tomar más decisiones sobre el viaje. Descubrí que esta estrategia se vuelve aún más efectiva cuando planifico simultáneamente más de un viaje, lo que no debería sorprender, ya que el escalamiento es uno de los beneficios que obtiene al trabajar en un “modo distribuido”.

Mi mente analítica aún grita de horror cuando reservo un hotel antes de comprar los boletos de avión y mis mecanismos de defensa detectan incertidumbre. Pero ese es precisamente el punto: reconocer que viajar tiene que ver menos con aferrarse al control y más con aceptar lo desconocido.

2. Más Bill Bryson, menos Casanova

Tres de mis libros favoritos en los que viajar es en sí mismo una pieza fundamental de la narrativa son Shantaram, de Gregory David Roberts; la biografía de Casanova, de Ian Kelly; y Ciudades Invisibles, de Italo Calvino. En los tres libros, los personajes exploran mundos foráneos y exóticos donde encuentran aventuras emocionantes, romances ardientes y maravillas fantásticas. En estas historias, viajar consiste en conquistar y descubrir un universo externo de personas y lugares, no solo un ejercicio de reflexión o introspección.

Mi gusto por los libros puede reflejar mis deseos internos de lo que busco cuando viajo. No es que tenga la esperanza de que durante mis vacaciones termine liderando una pandilla de delincuentes en los barrios pobres de Mumbai, o batiéndome en duelo de pistola con un conde polaco por el amor de una actriz italiana. En lugar de eso, mis expectativas se configuran en torno a temas construidos en un mundo allá afuera, uno al que me transporto  para encontrar emoción, conexión y conocimiento.

Tener esta mentalidad hace que viajar sea bastante divertido, pero el inconveniente es que pongo mis expectativas en factores externos que me decepcionan cuando no funcionan como planeo. Después de algunos viajes, no puedo evitar sentir la fatiga de perseguir algo más intenso, mejor o simplemente diferente a lo anterior. Y cuando vuelvo a casa, empiezo a pensarmelo dos veces antes de volver a hacerlo.

Quizás las mujeres viajan más porque no están en el juego de conquistar mundos externos. Quizás estén más interesadas en los aspectos internos que se canalizan a través del viaje y, por lo tanto, son menos propensas a sentirse frustradas cuando las cosas no van de acuerdo con el plan. Si viajar es más sobre crecer y desafiarse a sí mismo, siempre habrá un suministro ilimitado de emociones y será dificil aburrirse.

El año pasado descubrí los libros de Bill Bryson y su obra se está convirtiendo en una de mis favoritas. Sus historias no son épicas de ninguna manera, sino más bien ordinarias e incluso un poco sosas. Sin embargo, las observaciones ingeniosas sobre sus numerosas excursiones también resaltan ideas claras y honestas sobre él mismo. Quizás sus libros son tan apreciados por todo el mundo porque sabe combinar con una prosa estupenda el descubrimiento de nuevos lugares con el descubrimiento de sí mismo.

Los libros de Bryson me han inspirado para estar más atento a mis pensamientos cuando estoy en la camino, pero haciéndolo de una manera ligera, casi lúdica. No busco tener una revelación profunda de quién soy, o cuál es mi propósito en la vida, ya que esa sería simplemente otra forma de hacer que el viaje sea una forma de competencia. Simplemente me estoy volviendo más curioso acerca de la trivialidad y estupidez de mi propios pensamientos

3. Mesa para uno, por favor.

Si deseas que el viaje sea una prioridad en tu vida, en algún momento necesitarás dominar el sutil arte del viaje en solitario. Es un hecho que a todos nos encanta viajar con amigos y parejas, pero la realidad es que la logística no siempre funciona a nuestro favor. En esos casos, o bien tienes que renunciar a la idea de hacer ese viaje que ha estado soñando, o bien tienes que seguir adelante y hacerlo todo por tu cuenta. Ante este dilema, he elegido muchas veces la segunda opción, sin embargo debo admitir que nunca me sentido emocionado por tener que hacerlo.

Cuando viajo solo en un lugar extraño, mi mente salta erráticamente de un pensamiento al otro, y no puedo concentrarme en lo que está frente a mí. Muchas veces me pierdo pensando en lo mucho que disfrutaría compartir la experiencia frente a mi con otra persona, pero cuando vuelvo a darme cuenta de lo que está pasando a mi alrededor, el momento ya se ha desvanecido. Me consuela saber que es un sentimiento muy familiar, que incluso los viajeros más experimentados tienen que enfrentar.

Michael de Montaigne, el verdadero primer blogger de la historia, hizo un largo viaje entre 1580 y 1581 que lo llevó de su Château en Francia a Italia, donde se entregó a su pasión por el antiguo mundo romano. Como él fue el primer gran explorador de la condición humana interna, estaba muy interesado en leer lo que tenía que decir sobre viajar. No es de extrañar, sus palabras escritas hace más de 400 años, resonaron con mis sentimientos de abandono cuando viajo solo: “Sentí una sola falta, la de una compañía que me guste, obligado a disfrutar de estas cosas buenas solo y sin comunicación alguna.”

Quizás las mujeres viajan más porque, de alguna manera, pueden sobrellevar mejor la soledad. Quizás a algunas de ellas les resulta fácil entablar amistad con personas nuevas en sus viajes, y otras se sienten completamente cómodas con la compañía de un libro mientras cenan solas.

Este año tomé como reto hacer algunos viajes por mi cuenta. Tan solo han sido fines de semanas largos en algunas de las capitales Europeas favoritas de todos. No he hecho nada diferente, aparte de ser un poco más abierto y conversador con extraños, desde la persona que está sentada al lado del avión hasta quien esté ojeando las estanterías junto a mí en una librería. Es un acto tan simple pero que ha llenado mis viajes con interacciones nuevas y constantes, equilibrando la atención en mis propios pensamientos que describí anteriormente, con mi deseo de conectarme con los demás.

Algunas personas pueden tener dificultades para entablar una conversación con un extraño. No tengo ningún consejo en particular sobre ese punto, excepto que si en algún momento te quedas atascado, intenta hacer una observación simple, algo así como “¿Alguna vez has notado que las mujeres viajan más que los hombres?”

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