Café con Churchill

La semana pasado un grupo de jóvenes se metió a protestar con arengas y cantos a Blighty, un café en el área de Finsbury Park aquí en Londres. Estos eran estudiantes que vivían en la zona y querían manifestarse contra la insensibilidad del establecimiento que, según ellos, celebraba la violencia y el racismo. Tales denuncias no son para tomar a la ligera, y la noticia saltó a los medios rápidamente. Que un grupo de personas proteste contra este lugar puede hacer pensar que es un oscuro rincón de mala muerte, a donde van cabezas rapadas para conspirar actos de vandalismo y destrucción hacia las minorías raciales. Sin embargo, esta imagen no podría estar más alejada de la realidad.

Blighty es simplemente un agradable café temático que gira alrededor de varios de los símbolos de este país: las banderas Union Jack, los icónicos letreros del metro de Londres, algunas fotos de la reina y, por supuesto, la imagen de Winston Churchill. Este ultimo aparece en varios retratos de la Segunda Guerra mundial, y su nombre sirve para bautizar en el menú la especialidad de la casa: un “full English breakfast” con todas las de la ley, que trae tocino británico, huevos fritos, salchicha Cumberland, morcilla Yorkshire, médula de res, tomates, champiñones, cebolla, alubias en salsa de tomate y tostadas de pan integral.

En Blighty se perciben tal vez algunas referencias románticas a ese Reino Unido aún grande de la primera mitad del siglo XX, y su relación con los países del Commonwealth. Pero ante todo, Blighty es un café de barrio que está bien iluminado, sirve un menú decente y provee una atmosfera apropiada para llevar un libro y leer un rato.

Sin embargo, los manifestantes consideraban que la decoración del lugar “celebraba el colonialismo” y que era inapropiado promover la imagen del líder británico puesto que “Churchill fue racista”. En los videos de la protesta que circulan en la red es difícil entender cuales eran los argumentos de los manifestantes, sin embargo uno de ellos escribió un articulo que recoge mas calmadamente su posición.

Esencialmente, los manifestantes querían enfatizar los aspectos negativos de Churchill y muy específicamente su desdén para con las colonias británicas. Un punto neurálgico de su argumento es que Churchill con sus políticas habría facilitado la terrible hambruna de 1943 en la India, en la que murieron tres millones de personas.

No deja de ser paradójico que el mismo libro que estudia a fondo estos eventos del ’43 y que sirvió de referencia a los manifestantes para condenar a Churchill por su supuesto racismo, diga explícitamente: “no fue tanto el racismo sino más bien el desbalance de poder inherente a la pirámide social Darwiniana lo que explica por qué la hambruna en India podía ser tolerada mientras el racionamiento de pan era considerado una privación intolerable en Reino Unido durante la guerra”.

Decir pues que “Churchill era un racista y por eso a mató a tres millones de indios” es uno de esos desmadres de estos tiempos nuestros, en los se que busca reducir a una visión monocromática eventos históricos complejos de tal manera que se alineen a los principios de quien tenga el micrófono. Cuestionar la narrativa de la historia, reinterpretando el pasado a través de cómo entendemos y vivimos el presente es un ejercicio que debe hacerse con cuidado de no descontextualizar los eventos simplemente para que encajen con la agenda política de turno. Pero vayan a decirle eso a estos chicos nerviosos, o a Trump, o al resto de lunáticos reaccionarios que abundan en este planeta.

Y sin embargo, de todo este episodio un tanto ridículo, me llevo la alegría de haber leído el artículo que escribió Chris Evans, dueño de Blighty, en The Guardian a raíz de estos eventos. Evans, en lugar de irse lanza en ristre contra los despistados manifestantes, o tratarlos como un grupo de mocosos ignorantes (como tal vez yo lo estoy haciendo), se muestra genuinamente conciliador. Admite que Churchill era una figura controversial y aclara que en su pequeño café no se aplaude las muchas barbaridades que este dijo contra los Indios o Africanos. Se muestra alarmado por las amenazas que sufrieron los manifestantes, después de que la prensa escandalosa de derecha se encargara de crucificarlos. E invita a los manifestantes a tomarse un café con el para intercambiar puntos de vista.

¡Sin tan solo fuera eso, una charla sobre un café, lo que se necesitara para resolver nuestras diferencias!

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